El intrépido arte del señor Flaco

J.M. Hernández Ripoll

Se necesita ser intrépido para abrir un disco con una canción titulada “Hasta la vista”. Podría entenderse como una paradoja lanzada con socarronería castiza al oyente y consumidor que, como debería ser el caso, en estos momentos sostiene el librillo en las manos mientras el cedé va dando vueltas y vueltas en el interior de un cacharro que tiene los días contados. Pero así es Dani Flaco, un personaje auténtico, transparente tanto de intenciones como de canciones, que no flojea, testarudo y convencido de sí mismo, en su dedicación a este noble oficio de crear canciones. Un arte, digamos, no siempre valorado en su justa medida.

Y, la verdad, es que no defrauda. “Verbenas y fiestas menores” es un trabajo manufacturado con los diminutos dedos del alma. Se abre el rock como las nubes para iluminar un paisaje de ritmos dulces y acogedores, con sabores de baladas agridulces, con alguna que otra pincelada transatlántica, con pellizcos folk, gotas funk y guiños pop que encajan con precisión artesana en unas letras que juegan al que te pillo con las orejas ajenas. No siempre al buen entendedor pocas rimas bastan. Y si no lo creen, sugiero escuchar con suma atención piezas del tamaño de “Distrito VI”, donde pone en el punto de mira a esa gaviota caníbal que sobrevuela el país; o, en el lado opuesto, el tema bautizado con un escueto “Y ya”, donde los versos nos describen a ritmo de vals la esperanza que surge del desamor. Quien avisa no es traidor.

Con el paso del tiempo, llegada la madurez artística y personal, don Daniel ha conseguido domar su propia voz. Se nota el esfuerzo conseguido en centenares, por no decir miles, de escenarios. En las trece piezas que componen el disco que ahora nos atañe, canta con la cabeza, sin exageraciones ni sobreactuaciones, midiendo intensidades, falsetes y gravedades, que no es fácil en estos tiempos creativos que corren como pollo sin cabeza. Ya no hay confusión posible, ese sello tan personal que es su voz medio rota, medio entera, pícara y canalla, aterciopelada y seductora, se ha convertido en la enseña, marca de la casa, inconfundible incluso para los que no saben diferenciar un grito de dolor de uno de placer. Que, ya me perdonarán, pero de haberlos, hailos.

Como artista, que lo es y mucho, Dani Flaco sabe que el movimiento se demuestra cantando. Que hay que andar y recorrer muchos mástiles de seis cuerdas, en la hermética soledad del creador, para poder dar forma y luz un trabajo como “Verbenas y fiestas menores”. De acuerdo, el horizonte es inalcanzable, pero lo importante es poseer el talento suficiente como para no perderlo nunca de vista, incluso en los momentos más inoportunos de oscuridad. Hágase la luz.